«El día que el Estado trabaje con las entidades verá que no lo hacemos tan mal»

Hoy hablamos con Lluís Viguera, director gerente de la Fundació Finestrelles

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Quien soy…

Soy un economista barcelonés. He desempeñado toda mi carrera en el sector sanitario, y desde 2009 trabajo en la Fundación Finestrelles. Entré en el sector social un poco sin darme cuenta, pues (para mi vergüenza), confundí el mundo de la discapacidad intelectual y del desarrollo con el de los problemas de salud mental. De modo que se puede decir que salí del sector sanitario sin percatarme de ello…y es lo mejor que he hecho nunca. Para colmo, ahora, seis años más tarde, me he dado cuenta de que la diferenciación entre estos dos sectores es ya anacrónica, y está obsoleta. La realidad la ha superado. Vamos hacia la visión global de las necesidades sociales y sanitarias de las personas, y con las personas. La atención integrada social-sanitaria dejará pronto de ser un tecnicismo.

Algo que me define: Probablemente tres cosas: la curiosidad, el entusiasmo, y el sentido del humor. Para lo bueno y para lo malo, por cierto.

Mí día a día: No hay un día igual a otro. Es una de las cosas que más me satisface de este trabajo. Procuro además combinar el estudio y la reflexión con la actividad intensa. Un intelectual alemán escribió recientemente que “una vida plena ha de vivirse a diferentes velocidades”. Yo creo que lleva mucha razón.

Qué opino (brevemente) sobre…

La actitud de la sociedad ante la situación económica y social actual: Nos falta poner un poco más de interés en reconocer que las personas tenemos una parte importante de responsabilidad en relación con lo que le ocurre a nuestros conciudadanos. Soy un ferviente defensor de la acción proactiva de la sociedad civil y de la implicación política de la gente.

Los nuevos escenarios con los que se encuentra el tercer sector y los retos que esto supone: Si algo ha puesto de manifiesto de modo indudable la reciente crisis son las limitaciones del Estado para hacer frente en solitario a las necesidades sociales. Y el tercer sector es un enorme aliado para afrontar este reto. Además, a igualdad de respuesta a un reto social, el hecho de que una parte de ella provenga de la propia sociedad tiene doble valor, y esto es algo que la Administración no acaba todavía de entender. En el futuro el papel del Estado deberá cambiar, necesitará trabajar en red con el tercer sector, y para ello deberá entender la autoridad de una forma más matizada. Deberá abandonar en gran medida las mentalidades dirigistas y aprender a compartir responsabilidad. El día que se atreva a hacerlo descubrirá que tan mal no lo hacemos. Está lejos de hacerlo, todavía.

La llamada “nueva pobreza”: Un drama absoluto. La reciente crisis, tan larga y profunda, ha dejado en nuestro país una situación terrible. La mayoría de los indicadores cuantitativos sobre el colectivo en riesgo de exclusión se han casi duplicado. Y la falta de respuesta precoz a estos problemas acabará en su cronificación dentro de muy poco. Además, los indicadores cualitativos nos han reflejado que esa gran masa de población ahora es mucho más variada y compleja que antes. La pobreza más numerosa, por ejemplo, ahora es joven. Los servicios sociales no están suficientemente preparados para atender a una exclusión que además de aumentar en número se ha vuelto mucho más heterogénea, multidimensional y que se está cronificando a gran velocidad. Sumémosle a ello que en los próximos 10 años vamos a más que duplicar el colectivo de personas mayores de 84 años, con necesidades crecientes y no cubiertas, y tenemos una situación verdaderamente apremiante. Esto nos interpela a todos, a los poderes públicos antes que a nadie, por supuesto, pero insisto que a todas las personas también. El problema es nuestro, no del Gobierno.

Eso a lo que llamamos “crowdfunding” y el papel de las nuevas tecnologías en el sector social: Crucial. Las entidades del sector social no tenemos recursos para invertir en estructuras de gestión. Cualquier recurso nuevo que entra en nuestras organizaciones se invierte inmediatamente en personal de atención directa, como no podría ser de otra forma. Diría que en términos de gestión “hemos estado siempre de moda”: tenemos estructuras organizativas planas, por que nunca hemos tenido dinero para gastar en “verticalidades”. En este sentido, herramientas como estas, que nos permiten aumentar la productividad de nuestra gestión a la vez que llevar a cabo tareas de sensibilización social, son imprescindibles.

Si tuviera que escoger…/Para mí…

Un valor imprescindible: La piedad

Una actitud esencial: Empática

Una cita para reflexionar: Una frase de Nassim N. Taleb, un matemático libanés “el problema con los expertos es que desconocen aquello que no saben”. Tenemos verdaderos problemas para afrontar la incertidumbre. Nuestros antepasados vivían probablemente en un mundo más peligroso (con amenazas más conocidas y probables), pero menos arriesgado que ahora, en el sentido de que han aumentado mucho las condiciones de incertidumbre en las que discurre la vida de las personas. No sabemos gestionar esa realidad todavía demasiado bien.

Una película/documental para pensar: “Gattaca”. Es antigua, y sin embargo está de gran actualidad. Recientemente el investigador J. C. Izpisúa mencionaba que en la revista Science un grupo de científicos planteaba una moratoria para tomar distancia y analizar a dónde queríamos ir con la edición genética.

Una crítica (constructiva) que haría a la sociedad: Si te desentiendes de lo que pasa a tu alrededor no eres menos responsable de lo que pasa.

Un agradecimiento: A los más de 30 voluntarios que tenemos en la Fundación. En Cataluña hay más de 300.000. Pensémoslo bien, es un 4% de nuestra población. ¡Si viviesen todos juntos serían la segunda ciudad más poblada del país!

Algo o alguien de quien he aprendido una lección: De Cristina, una chica del taller. Tiene discapacidad intelectual, una insuficiencia renal crónica grave, y unos problemas de salud que harían claudicar a cualquiera de nosotros. Jamás la hemos visto de mal humor, ni se ha quejado de nada. Siempre tiene una sonrisa para todos. Los (pocos) días que tiene la energía de poder venir a primera hora al taller a trabajar nos muestra a todos una alegría, un orgullo y una dignidad que le hacen a uno reconciliarse con el mundo.

Alguna situación “complicada” en la que me he encontrado como profesional del sector: Es casi imposible trabajar en este sector sin vivir situaciones de este tipo con regularidad. Quizás yo haría mención a la falta de acceso a los servicios, como por ejemplo las listas de espera en servicios de tipo residencial o de apoyo a la vivienda. Es un drama. En temas como este se visualiza claramente que todavía tenemos derechos “fuertes” o consolidados, como el de la atención sanitaria o la educación, y otros mucho menos interiorizados por los poderes públicos y la propia sociedad, como sin duda son todavía los sociales. Quiero recordar que muchos de estos últimos son jurídicamente derechos “subjetivos” de las personas, es decir, inherentes a su propia condición de ciudadanos.

Y alguna de “emocionante”, bonita: Un chico que acude a nuestro taller vive en una familia que tiene muy pocos recursos económicos. El padre de Cristina, la chica de la que he hablado antes, un autónomo honrado y modesto, al enterarse de la situación, ofreció un empleo a la madre del chico.

Y por último…

¿Optimista? Absolutamente. Optimista ”antropológico”, aunque el último presidente del Gobierno se cargó el adjetivo ;-).

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